Un llamado a la gracia

Publicado el 31 de marzo de 2025, 3:34

“Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” Romanos 12:20-21

Queridos hermanos, estas palabras de Pablo son un llamado poderoso a vivir de manera contracultural, a actuar con amor y generosidad incluso hacia aquellos que nos han hecho daño. Charles Bridges, en su comentario sobre Proverbios, nos recuerda que “somos los discípulos de Aquel que murió por Sus enemigos.” Y aquí está la clave: ¿Eres cristiano? Si es así… estás siguiendo a Uno que eligió el camino del sacrificio por amor, incluso por aquellos que eran Sus enemigos.

La Escritura nos instruye a amar a nuestros enemigos (Romanos 12:20) y a vencer el mal con el bien (Romanos 12:21). Este amor, hermanos, no se basa en los méritos o deméritos de nuestros adversarios, sino en lo mucho que Cristo hizo por nosotros. ¡Cristo amó a Sus enemigos y, de esa manera, venció el mal con el bien! Pensemos, por un momento, en cuántas veces hemos fallado en cumplir con este mandamiento. Es fácil amar a los que nos aman; el verdadero desafío, el verdadero cristianismo, es ser un reflejo de la gracia de Aquél que nos amó primero. Ninguno de nosotros sería cristiano si Cristo no hubiera amado a Sus enemigos y vencido nuestro mal, nuestra rebeldía y obstinación con Su muerte y resurrección. Romanos 5:10 dice: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por Su vida” Consideremos esto: una vez hubo enemistad entre nosotros y Dios. Esa enemistad provenía de nuestros corazones obstinados y rebeldes, y la justa ira de Dios estaba sobre nosotros a causa de nuestra rebelión. Pero Dios, en Su misericordia infinita, decidió actuar ¿Qué lo motivó? Recordemos Mateo 20:28: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” ¿Qué significa esto? Que Su muerte fue un rescate, un pago hecho para liberarnos del mortífero poder del pecado.

Cristo venció el mal de nuestro pecado con el bien de Su propia muerte y resurrección. De esta manera, el Dios santo y justo puede justificar a pecadores como nosotros. Nuestro pecado nos hizo deudores, y cada intento de autorredención solo aumenta nuestra culpabilidad. El Salmo 49:7-8 nos aclara: “Nadie puede salvar a nadie, ni pagarle a Dios rescate por la vida. Tal rescate es muy costoso; ningún pago es suficiente” Nadie puede por mucho que lo intente redimirse a sí mismo del pecado… es imposible: “NADIE puede salvar a nadie, ni pagarle a Dios rescate por la vida” Pero el verso 15 de este Salmo dice, “Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque Él me tomará consigo” Un simple hombre no puede realizar este rescate impagable, pero Dios puede y Él lo hizo, al enviar a Su Hijo, Cristo pagó el rescate por todos los pecados de todos los que aceptan Su perdón.

Pero, hermanos, ¿cómo lo hizo? Hemos simplificado tanto este acontecimiento maravilloso que a veces olvidamos la profundidad de su significado. Fue más que solo morir y resucitar; fue un acto de amor incomparable, una entrega total. Así que, les invito a reflexionar en esto: ¿Cómo podemos, nosotros, que hemos recibido tal gracia, negarnos a amar a nuestros enemigos? ¿Cómo podemos dejar que el odio o el rencor encuentren un lugar en nuestros corazones? Cristo nos mostró el camino. Al entregarse por aquellos que lo deshonraron, Él nos dio el ejemplo a seguir. Que nuestra vida, entonces, sea un testimonio de este amor transformador. Que, al hacer bien a nuestros enemigos en necesidad, nos recordemos a nosotros mismos de que un día, nosotros también fuimos enemigos, pero ahora, gracias a Su sacrificio, somos hijos de Dios.

Oración: amado Dios Tu palabra dice que es Tu deseo que cada uno de nosotros podamos ser capaces de comprender cuál sea la anchura, la profundidad y la altura de Tu amor que excede todo conocimiento aprendido o experimentado en esta vida, y solo existe un modo para conocer tal amor y no es a través del camino de las posesiones o logros terrenales sino única y exclusivamente a través de la cruz, oh Señor que al comprender Tu amor podamos ser llenos de toda Tu plenitud, que al comprender Tu amor mi corazón sea compungido e impulsado a amarte con todas mis fuerzas y a amar a mi prójimo (sin importar quién sea) como a mí mismo. Amén

Valoración: 3.9 estrellas
10 votos

Añadir comentario

Comentarios

Shirley García
hace 6 días

Amén 🙏🙏🙏

Yamileth
hace 6 días

Ayúdanos señor, amén.